El trabajo consume muchas horas de nuestra vida, sin embargo el resto de las cosas que son mucho más importantes en realidad como la familia, los amigos o los paseos están regidos por su horario. Muchas personas trabajan mucho más de lo que quisieran. En Japón se realizó un estudio que indicó que las personas que trabajan 70 horas semanales tienen el doble de riesgo de sufrir un ataque cardíaco que los que trabajan 40 y el riesgo se triplica en caso que una persona duerma menos de 5 horas al menos dos veces a la semana. Sabemos que somos menos productivos si estamos cansados, estresados, insatisfechos, enfermos. El trabajo es necesario, puede ser un desafío y dignifica… pero que sea lo más importante y ocupe la mayor parte de nuestra vida es una locura. El tiempo que resta para disfrutar de las cosas sencillas diarias y sin apuro es escaso. El Movimiento Slow propone trabajar menos, defendiendo el hecho de que las personas que pueden manejar sus horarios están más relajadas, son más creativas y productivas.
Algunas empresas punteras, conscientes de la situación actual del mercado laboral, han optado por modificar sus normas y hacer de la empresa un espacio flexible en el que los trabajadores gestionen el tiempo a su gusto, obtengan generosas vacaciones o incluso puedan gozar de un espacio con música en vivo, gimnasio o guardería para sus pequeños.
El Slow Work se alinea con la idea que una mayor inversión de tiempo no garantiza una mayor productividad; sino todo lo contrario.


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